Los confines de Europa

La semana pasada, atendíamos con cierto asombro la noticia de que Canadá puede convertirse en el primer miembro asociado de la Unión Europea.

Ante la gesta arancelaria del estadounidense Donald Trump hacia ese otro país norteamericano para que «se convierta en el Estado 51», los canadienses buscan en los europeos un sustituto bondadoso de fraternidad. Y cabe señalar que tal posibilidad de pseudoexpansión de la UE ha recibido buena prensa a este lado del Atlántico.

El sábado, por el contrario, El País publicaba un artículo de opinión en el que el escritor franco-marroquí Tahar Ben Jelloun afirmaba, con referencia a Ceuta y Melilla, que «no es normal que la frontera europea esté en territorio africano».

Al igual que ocurre con los territorios ultraperiféricos de la UE, incluidas las Islas Canarias, la «normalidad» de su particular situación está amparada jurídicamente, pero no es menos cierto que vemos condensada la esencia del debate en el chascarrillo popular cada vez que concursan en Eurovisión países tan remotos como Australia.

¿Cuál es la extensión geográfica de la europeidad?

Esta controversia tiene una simple respuesta: los confines de Europa no terminan en ninguna parte. Porque Europa, más que un lugar, es una idea.

Autoría del texto: Andreu Yakubuv (presidente del Instituto 9 de Mayo).
Publicado en Levante-EMV el 22 de septiembre de 2026.